Cada año alrededor de 135.000 vehículos sufren algún tipo de percance relacionado con el robo en España. De ellos, más de 12.000 son vehículos comerciales. Tomando algunas medidas de seguridad, la mayoría de ellas muy básicas, evitaremos convertirnos en víctimas de los “amantes de lo ajeno.”

La borrasca Filomena ha hecho estragos en las carreteras de buena parte de España. Aunque sin llegar a estos extremos, el hielo y la nieve en la carretera son habituales durante el invierno en muchas zonas de nuestro país. Y muchos son los conductores de coches de empresa que deben afrontar desplazamientos en condiciones desfavorables.

El invierno tiene muchos inconvenientes. Y no es la estación preferida de los gestores de flotas ni de los conductores. Y es que las inclemencias del tiempo tienen consecuencias directas en la movilidad, la seguridad vial y, por qué no decirlo, en el confort de conductor y ocupantes.

Desde hace ya algún tiempo las empresas abordan la movilidad corporativa contemplando no sólo la parte de flota de vehículos, si no también, y no menos importante, la movilidad del personal a su/s centro/s de trabajo.

A la hora de realizar desplazamientos urbanos, podemos basar nuestra elección de medio de transporte en función de distintos variables: rapidez, coste, impacto medioambiental, confort, seguridad... Pero para realizar la mejor elección posible necesitamos información. Y eso es precisamente lo que nos proporcionan los llamados agregadores de movilidad.

Las consecuencias del COVID-19 afectan y afectarán a las flotas y a la movilidad durante un buen tiempo. Es por ello que como gestor de flotas debes actualizar la política de flota de la compañía, si no lo has hecho todavía.

Los expertos de movilidad de McKinsey & Company han establecido las cinco principales consecuencias que esta pandemia tendrá sobre la movilidad del futuro. Y especialmente sobre la movilidad urbana pero también sobre los ecosistemas económicos, tecnológicos y sociales.

Con horizontes económicos poco optimistas, los gestores de flotas tienen ante sí un periodo complicado. Una complejidad que aumenta en el caso de los vehículos de dirección, capítulo ya de por sí delicado en contextos de bonanza económica. Pero los momentos de crisis son momentos de oportunidades. También para la gestión de flotas.

Los vehículos de empresa tienen un coste de 32.000 millones de euros al año para los ciudadanos europeos, según un estudio de la organización ecologista Transport & Environment (T&E).

Sabíamos que la entrada en vigor definitiva del ciclo WLTP, en sustitución del NEDC, tendría consecuencias en los precios de los vehículos.

Cuando hablamos de vehículos con motor de combustión interna, todos tenemos claro y entendemos cuáles son los conceptos clave que impactarán en los costes operativos y el funcionamiento de la flota. Pero todavía no ocurre lo mismo con los vehículos eléctricos. ¿Qué datos y conceptos debemos valorar a la hora de elegir un VE? Repasamos los conceptos más básicos.

Debemos sentirnos afortunados por la amplia oferta de vehículos disponible. No sólo en modelos, variantes y segmentos. También respecto a tecnologías de motorización. Pero esta gran variedad complica la elección. Especialmente si contemplamos el TCM en lugar del coste de compra. En este caso, ¿"salen los números" con los vehículos eléctricos?