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Asociación Española de Gestores de Flotas y de Movilidad
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Email: info@aegfa.com
Dirección: Plaça d'Ausiàs March, 1 Edifici d’Oficines Planta 1, Oficina número D03 08195 Sant Cugat del Vallès, Barcelona
En un primer momento, el objetivo ya no es únicamente repostar más barato, sino reducir el consumo global, anticipar desviaciones y adaptar la movilidad a las necesidades reales de cada operación.
A los pocos días del cierre del estrecho de Ormuz y viendo las consecuencias sobre los precios del petróleo, la primera medida ha sido la de renegociar condiciones con nuestro partner energético, en la medida de lo posible.
En esta línea, las tarjetas de combustible y las políticas internas de uso se han consolidado como herramientas esenciales. Más allá de facilitar la gestión administrativa, permiten controlar el gasto, detectar anomalías y negociar mejores condiciones con proveedores. Este control aporta visibilidad sobre el coste real por vehículo y conductor, un dato clave para la toma de decisiones estratégicas.

Es posible que buscar EESS concretas y con precios más económicos sea una alternativa interesante, pero deberemos tener en cuenta las consecuencias administrativas que esto puedo acarrear si no unificamos la facturación o tenemos herramientas adecuadas, corriendo el riesgo de quedar inundados de tickets de repostaje que no sabemos ni de dónde vienen.
“Algunas flotas con PHEV han apostado por limitar el uso del motor térmico y favorecer al máximo la utilización del modo eléctrico”
En el caso de las flotas electrificadas, especialmente híbridos enchufables, algunos gestores están aplicando una estrategia: reducir el uso del motor térmico y favorecer al máximo la utilización del modo eléctrico. Esto se traduce en limitar el consumo de combustible —por ejemplo, estableciendo umbrales o controles más estrictos— y, al mismo tiempo, ampliar las facilidades para la recarga, tanto en base como en destino. El objetivo es claro: maximizar los kilómetros en eléctrico, donde el coste por uso es menor, y reducir la dependencia del combustible en el día a día operativo.
Por otro lado, la mejor manera de reducir costes asociados a los consumos de los vehículos es no consumir. O lo que es lo mismo, no moverse. O moverse menos.
Implantar medidas como el teletrabajo, reorganizar agendas, modificar horarios para evitar atascos o recomendar el cambio de reuniones presenciales por virtuales, pueden ayudar a reducir kilómetros y consumos innecesarios.
Si todavía no contamos con una herramienta de gestión de flotas, este es el mejor momento para defender su implantación. Y si es combinándola con un sistema de telemetría mucho mejor. De esta forma es posible optimizar rutas, evitar zonas congestionadas o agrupar desplazamientos. En flotas comerciales y de reparto, que no pueden dejar de circular, estas mejoras tienen un impacto directo en el consumo y en la productividad.
Como suele decirse muchas veces, para saber a dónde vamos es necesario saber de dónde venimos. En este sentido, contar con un histórico de consumo por vehículo/conductor, tipologías de trayectos o kilometrajes, nos permitirá detectar ineficiencias- o sospechosos habituales- con rapidez.
La telemática se ha consolidado como un aliado clave, aportando información en tiempo real sobre hábitos de conducción, tiempos al ralentí o rutas poco eficientes.
Este enfoque permite pasar de una reacción tardía a una toma de decisiones preventiva, donde cada desviación puede corregirse antes de generar un impacto significativo en los costes.

No nos hemos cansado de repetir que el estilo de conducción sigue siendo uno de los factores más determinantes en el consumo. Se calcula que alrededor de un 25% del consumo de un vehículo depende de los buenos hábitos de su conductor.
Por ello, muchas empresas están reforzando la formación en conducción eficiente y utilizando sistemas que evalúan el estilo de cada conductor. Aceleraciones bruscas, frenazos o exceso de velocidad no solo incrementan el gasto de combustible, sino también el desgaste del vehículo.
El mantenimiento preventivo ha ganado protagonismo como herramienta para mejorar la eficiencia. Un vehículo en mal estado —con neumáticos desajustados o revisiones atrasadas— consume más y genera mayores riesgos operativos.
Una presión de los neumáticos inadecuada puede incrementar el consumo un 7%. Por no hablar de elementos como filtros, climatizadores, etc. que también influyen directamente en el buen funcionamiento del vehículo.
Por ello, cada vez más flotas adoptan modelos de mantenimiento basados en el uso real del vehículo, lo que permite optimizar intervenciones y garantizar que cada unidad opere en condiciones óptimas.
Cuando la presión sobre el combustible se mantiene, el análisis va más allá del uso diario y llega a la propia composición de la flota. Muchas empresas están revisando si los vehículos asignados son adecuados para su función o si conviene modificar el mix tecnológico. Claro está que cambiar la configuración de la flota no podrá hacerse hasta la renovación de la misma, pero es en momentos como este cuando se ve clara la importancia de analizar minuciosamente el uso y necesidades del parque móvil de la compañía. Desde plantear la introducción de tecnologías híbridas y eléctricas hasta la elección de modelos más compactos y eficientes.
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