El Foro de Movilidad 2025 de Alphabet dibuja un escenario de transición lenta en los hábitos de desplazamiento en España. El coche sigue siendo imprescindible para la mayoría de los ciudadanos, la electrificación pierde tracción y la micromovilidad se consolida, aunque limitada por la percepción de inseguridad y la falta de infraestructuras. Todo ello en un contexto regulatorio que genera cada vez más incertidumbre.
La movilidad en España evoluciona, pero sin grandes rupturas. Así lo reflejan las conclusiones del Foro de Movilidad 2025 de Alphabet, elaborado a partir de más de 5.400 entrevistas realizadas en 17 capitales y áreas metropolitanas entre junio y julio de este año.
El estudio confirma que, aunque comienzan a percibirse cambios y ajustes en los patrones de desplazamiento, el coche mantiene un papel central en la vida cotidiana de los ciudadanos. Si bien se trata de conclusiones que afectan especialmente a los hábitos y comportamiento de los particulares, son datos de interés para gestores de flotas y de movilidad para conocer patrones y preferencias de la sociedad española y que son extrapolables a los empleados que integran las plantillas de las empresas.

Caminar, el modo más habitual
Caminar se consolida como el modo de desplazamiento más extendido y habitual, mientras que el transporte público mantiene niveles de uso estables. En paralelo, el automóvil particular reduce en 4 puntos su presencia en los desplazamientos hacia los centros urbanos, una tendencia que responde más a cambios en la rutina diaria que a una transformación estructural del modelo de movilidad. Pese a ello, en áreas metropolitanas y ciudades medianas el coche continúa siendo una necesidad difícilmente sustituible, impulsado por factores como la accesibilidad, la comodidad y la falta de alternativas eficientes.
El coche, todavía imprescindible
Esta dependencia se refleja también en la percepción ciudadana: más de la mitad de los españoles considera el coche imprescindible para sus desplazamientos habituales. Sin embargo, la renovación del parque automovilístico sigue siendo lenta. Ocho de cada diez conductores afirman que solo cambiarían de vehículo cuando el actual deje de funcionar, mientras que motivos como la sostenibilidad, la innovación tecnológica o la mejora de la seguridad ocupan un lugar secundario en la decisión de compra. Este comportamiento contribuye a explicar la elevada antigüedad media del parque móvil español, que se sitúa en 14,5 años.
El coche eléctrico pierde interés
La electrificación del parque muestra claros signos de desaceleración. Tras varios años de crecimiento sostenido, el interés por el vehículo 100% eléctrico retrocede hasta situarse en el 8% de intención de compra, cinco puntos menos que el año anterior. Al mismo tiempo, los vehículos híbridos consolidan su posición como opción preferente, al combinar una menor barrera económica con la ausencia de las limitaciones de autonomía que todavía se asocian al coche eléctrico.
Es más, el escepticismo hacia esta tecnología se intensifica. Un 71% de los españoles afirma no plantearse en ningún caso la adquisición de un vehículo eléctrico, diez puntos más que en 2024, y más de la mitad no estaría dispuesta a pagar un sobrecoste por este tipo de motorización. Solo el 36% considera que el coche eléctrico sea la solución ideal para la movilidad urbana, lo que supone un descenso de siete puntos en un año. El precio (28%) continúa siendo la principal barrera, seguido por la autonomía (26%) y la escasez de puntos de recarga (23%), factores que mantienen el freno a una adopción más amplia.

El uso habitual del vehículo eléctrico varía notablemente según geografía y grupos de edad. Madrid (22%), Barcelona (18%) y Palma (17%) concentran los mayores niveles de uso de vehículos eléctricos. A nivel generacional, la adopción también se modera: los jóvenes de 18 a 30 años, que lideraban la transición, reducen su uso en ocho puntos (del 27% en 2024 al 19% en 2025), mientras que entre los mayores de 60 años se mantiene estable (7%). Además, la confianza en la seguridad de la tecnología es también decisiva: solo el 52% de los españoles cree que las baterías y procesos de recarga son seguros, mientras que el 48% mantiene dudas, reflejando un mercado aún en proceso de maduración.
A ello se suma un conocimiento aún limitado de los planes de incentivos. Aunque el grado de familiaridad con el Plan MOVES se ha duplicado en los últimos dos años, solo un 32% de la población declara conocerlo, lo que evidencia que las políticas de apoyo todavía no alcanzan al conjunto de los potenciales usuarios.
La micromovilidad se consolida
La micromovilidad parece haber alcanzado una fase de estabilidad tras años de expansión. Bicicletas, patinetes y motos eléctricas forman ya parte del paisaje urbano y son utilizadas por casi uno de cada cuatro españoles, porcentaje que se eleva hasta el 45% entre los jóvenes de 18 a 30 años.
El patinete eléctrico sigue siendo el vehículo de movilidad personal más empleado, por delante de la bicicleta y la moto eléctrica.
No obstante, el estudio refleja que el principal desafío ya no es la adopción, sino la convivencia. Casi la mitad de los ciudadanos considera que su ciudad no está preparada para integrar estos nuevos modos de transporte de forma segura.
La percepción de riesgo y la falta de infraestructuras adecuadas limitan su crecimiento, mientras que el debate sobre su regulación sigue abierto. Un 78% de los encuestados apoya la prohibición de patinetes en determinadas zonas, una cifra que se reduce entre los usuarios más jóvenes, aunque sigue siendo mayoritaria.

Nuevas normativas
El marco regulatorio en general genera opiniones cada vez más divididas. El apoyo a las Zonas de Bajas Emisiones desciende ligeramente a medida que su implantación se extiende. Un tercio de la población se declara en contra, mientras que otro 30% solo las respalda si no afectan a su movilidad personal. Además, un porcentaje significativo considera que estas zonas no han tenido un impacto real en la mejora de la calidad del aire, especialmente en grandes ciudades como Madrid y Barcelona.
La incertidumbre económica y normativa también influye de forma directa en las decisiones de compra. El 41% de los españoles ha descartado o pospuesto la adquisición de un vehículo debido a los aranceles, y el mismo porcentaje rechaza la futura prohibición de los motores de combustión prevista por la Unión Europea. Frente a ello, solo una minoría expresa un apoyo claro a esta medida.
Planes de movilidad
En el ámbito empresarial, el estudio revela un amplio desconocimiento de los planes de movilidad sostenible. Solo el 12% de los trabajadores sabe si su empresa cuenta con uno, pese a que la Ley de Movilidad Sostenible aprobada en 2025 obligará a las compañías de más de 200 empleados a implementarlos.
Entre las medidas más demandadas por los empleados destacan los incentivos al transporte público (44%), los autobuses de empresa (32%) y la disponibilidad de plazas de aparcamiento (31%).
Las conclusiones del Foro de Movilidad 2025 de Alphabet dibujan así un escenario marcado por la prudencia. La movilidad sostenible avanza, pero lo hace condicionada por factores económicos, regulatorios y culturales. El coche sigue siendo el pilar del sistema, la electrificación pierde impulso y los nuevos modelos de movilidad requieren aún de mayor planificación y consenso para integrarse plenamente en el día a día de los ciudadanos.

