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Asociación Española de Gestores de Flotas y de Movilidad
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Con la llegada de la primavera, aumenta de forma significativa la incidencia de alergias respiratorias en España, especialmente las provocadas por el polen. Más allá de las molestias habituales, este fenómeno tiene un impacto directo —y a menudo infravalorado— en la seguridad vial.
Las alergias al polen afectan a entre el 10% y el 30% de la población, dependiendo de factores geográficos y climáticos. En España, las gramíneas son las principales responsables en el norte y centro peninsular, mientras que la parietaria predomina en la cuenca mediterránea y el olivo en el sur.
Los síntomas más comunes —estornudos, lagrimeo, congestión nasal, picor ocular o fatiga— no solo afectan al bienestar del conductor, sino que pueden comprometer seriamente su capacidad para conducir con seguridad.
Diversos estudios alertan de que el riesgo de sufrir un accidente de tráfico puede aumentar hasta un 30% en conductores alérgicos. En este sentido, la Dirección General de Tráfico advierte de un dato especialmente relevante: un estornudo prolongado de cinco segundos a 90 km/h implica recorrer más de 125 metros sin atención efectiva a la carretera. Si a esto se suma el lagrimeo asociado a una crisis alérgica, la distancia recorrida sin visibilidad puede alcanzar los 140 metros a 100 km/h, e incluso duplicarse si los episodios se prolongan durante diez segundos.
El impacto de las alergias en la conducción no se limita a los episodios agudos. Aproximadamente el 50% de los alérgicos sufre alteraciones del sueño debido a la congestión nasal, lo que se traduce en fatiga acumulada. Además, cerca del 40% de los pacientes con rinitis alérgica experimenta somnolencia diurna.
Este conjunto de factores reduce la capacidad de reacción, la concentración y la atención sostenida, elementos clave para una conducción segura, especialmente en trayectos largos o en entornos urbanos complejos.
El tratamiento farmacológico también puede influir en la conducción. Algunos antihistamínicos tradicionales provocan somnolencia, aunque en los últimos años se han desarrollado principios activos que no afectan a la capacidad de conducción, como la bilastina, ebastina, desloratadina o loratadina.
Por ello, es fundamental que los conductores informen a su médico de su necesidad de conducir, para ajustar el tratamiento y minimizar riesgos. Además, los medicamentos incluyen actualmente pictogramas específicos que alertan sobre sus posibles efectos en la conducción.

Diversas entidades, como la Fundación Mapfre, recomiendan adoptar medidas preventivas para reducir el impacto de las alergias al volante:
El aumento de episodios alérgicos, favorecido por factores ambientales y climáticos, convierte a las alergias en un riesgo emergente dentro de la seguridad vial. Para gestores de flotas y responsables de movilidad, este factor debe incorporarse en las políticas de prevención, especialmente en primavera.
La Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica tiene un mapa con los diferentes niveles de afectaciones alérgicas en las distintas zonas del país. Una página muy recomendable para los conductores: https://www.polenes.com/home
Concienciar a los conductores, fomentar revisiones médicas y promover hábitos de conducción segura son claves para mitigar un riesgo que, aunque invisible, puede tener consecuencias muy reales en la siniestralidad vial.
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