La designación de vehículo SUV, es un acrónimo obtenido de las siglas procedentes del término en inglés Sport Utility Vehicle, lo que traducido al español sería vehículo utilitario deportivo. Otras formas actuales de llamarlos es clasificarlos como vehículos deportivos compactos, "todocaminos" o como crossover. Sin embargo, tradicionalmente estos automóviles han sido conocidos como vehículos todoterreno ligeros. En definitiva, los vehículos SUV son coches que aúnan características propias de vehículos de calle utilitarios e incluso familiares, con peculiaridades y versatilidad más propia de coches como los todoterrenos.
Un poco de historia
Existen diferentes opiniones sobre cuál fue el primer SUV de la historia, pero lo seguro es que su fabricación empezó a mediados del siglo XX y con un propósito inicial muy diferente al que hoy en día tenemos.
Los orígenes se remontan a la década de los años 30 y 40 cuando, como consecuencia de la 2ª Guerra Mundial, el gobierno estadounidense precisaba disponer de vehículos capaces de desenvolverse con soltura tanto en terrenos pavimentados como en abruptos. Ante esta necesidad, fueron tres los fabricantes de vehículos que optaron a fabricar esta nueva variante de coches: Ford, Bantam y Willys-Overland. De estos tres fabricantes, fue Willys-Overland quien finalmente obtuvo el contrato de producción y fabricación de 300.000 vehículos, bajo un proyecto llamado "Jeep".
Las primeras referencias históricas datan de 1935, cuando el fabricante Chevrolet comercializó una camioneta bajo el nombre de Suburban. Actualmente este modelo se sigue comercializando, siendo el vehículo más longevo que se sigue produciendo a día de hoy. Desde el punto de vista más militar, unas referencias destacables son el GAZ-61 (se fabricó desde el año 38 hasta el 45) y el Willys MB (1941-1945), los cuales disponían de tracción a las cuatro ruedas y estaban diseñados para satisfacer tareas concretas en el conflicto bélico, como el transporte de los soldados o la exploración del terreno.
Tras finalizar la guerra, fueron los militares los que demandaban este tipo de automóvil para utilizarlo en su día a día. Por ello, el fabricante Willys-Overland adaptó las versiones militares a usos más utilitarios. En esta línea, inició en 1946 la comercialización de su modelo Jeep CJ, en 1947 el Jeep Truck y finalmente en 1948 el Jeepster.
Tras estas primeras versiones de SUV, no fue hasta llegados los años 60 y 70 cuando los fabricantes decidieron dar el paso definitivo en la construcción de estos coches para adecuarlos más al uso civil y utilitario y eliminar las características que, hasta ese momento, los definían e influían negativamente en su conducción: suspensiones demasiado rígidas, carrocerías y bastidores independientes, y motorizaciones limitadas. Con esta decisión estratégica, la intención de los constructores era ampliar su ratio de mercado y llegar a un público más amplio.
El primer SUV que implementó cambios en este sentido, fue el Jeep Wagoneer, el cual inició su comercialización en el año 1962. Otros modelos destacables de estas décadas, algunos de los cuales aún se comercializan, son el Ford Bronco, el GMC Jimmy, el Chevrolet Blazer, el Toyota Land Cruiser, o el Range Rover.
Aunque los SUV ya contaban con cierta popularidad, no fue hasta los años 90 cuando despegaron del todo, convirtiéndose en la primera opción de los americanos y los asiáticos a la hora de comprar un coche. Será aquí cuando el Jeep Cherokee se convierta en el primer SUV según el entendimiento moderno de la palabra. No cabe duda de que este tipo de vehículos han marcado un antes y un después, tanto en la industria automovilística como en las vidas de los conductores.
En Europa, con entornos mucho más urbanizados y con difícil acceso al aparcamiento, lo último que se necesitaba era un coche de unas dimensiones tan grandes. Pero algunos conductores empezaron a demandar automóviles más sólidos y seguros orientados al estilo de vida urbano. Además, el espacio comenzaba a ser importante junto con una mayor capacidad de carga. Todo esto, junto al atractivo de tener un coche completamente diferente de hasta lo que ahora habían experimentado como consumidores automovilísticos y los precios competitivos que estos ofrecían, hizo que poco a poco subiese la popularidad del SUV entre los europeos. Al mismo tiempo, marcas importantes del automóvil que hasta ahora no habían fabricado vehículos pertenecientes a este segmento comenzaron a hacerlo. El resultado fue que la oferta de este tipo de vehículo comenzó a crecer.
Del monovolumen a la fiebre SUV
No fue hasta los años 90 cuando los vehículos SUV despuntaron en el mercado del automóvil incrementando sus ventas sustancialmente, incremento que a día de hoy se mantiene en este segmento.
Los motivos que propiciaron este avance fue la tendencia de los conductores a buscar un vehículo que aportase solidez y seguridad en carretera así como el espacio interior adecuado a sus necesidades familiares. Este espacio era cubierto por los monovolúmenes pero eran vehículos menos versátiles, poco atractivos y de imagen "aburrida".
Los todoterreno existentes cumplían estos nuevos requerimientos, pero al ser vehículos pesados con un consumo elevado, caros de adquirir, muy altos, con un mantenimiento más caro y menos funcionales en situaciones cotidianas de conducción, el mercado empezó a demandar variantes más acordes al uso diario que se le da al coche sin que ello hiciese perder su esencia.
Así pues, los fabricantes de vehículos encontraron la fórmula perfecta combinando las peculiaridades de los coches urbanos con los de los todoterreno. Esta hibridización le aporta gran polivalencia al vehículo con una estética llamativa y deportiva, un espacio adicional pero a un precio accesible. Además, son capaces de circular con solvencia por asfalto a la vez que se desenvuelven bien por terrenos más pedregosos o bacheados. También gozan de un consumo de combustible aceptable, una mayor sensación de seguridad, amplio habitáculo y presentan un espacio aceptable para la carga.
Costes de propiedad
Los Sport Utility Vehicle, híbridos entre turismo y todoterreno, continúan creciendo en ventas pese que su conducta no brilla ni sobre la carretera ni fuera de ella.
No disponen de más espacio para los pasajeros ni de más capacidad en el maletero que una berlina familiar o que un monovolumen. No se conducen de forma más dinámica. De hecho, tienen un coeficiente mayor, y consumen más. Pero aún así, las matriculaciones de los SUV no paran de crecer, en especial en los últimos años, cuando ha surgido una verdadera constelación de modelos que pueden encasillarse bajo estas iniciales, desde pequeños urbanos hasta grandes familiares de 7 plazas.
En términos de Costes de Propiedad, por su mayor tamaño y complicaciones técnicas derivadas de su centro de gravedad más alto (lo que también los hace más inseguros), los SUV suelen ser más caros que los turismos de los que derivan, tanto al salir del concesionario como cuando llega el turno de realizar tareas de mantenimiento (cambio de neumáticos, desgastes, etc).
En la parte positiva, al ser más altos ofrecen más sensación de amplitud. Además, las suspensiones más altas y los bajos, que suelen ir reforzados con cubiertas de plástico, otorgan cierta protección al pasar por zonas bacheadas o con piedras. También cuentan a su favor, y debido a la creciente demanda, su valor de reventa (valor residual) es considerablemente más alto que el de sus hermanos “berlinas”. Por lo tanto, la depreciación es inferior.
Los estudios de TCM (Total Cost of Mobility) que contemplan absolutamente todos los costes relativos a la adquisición del vehículo y su uso a diferentes periodos y kilometrajes, indican que los costes TCM mensuales de los SUV son sensiblemente superiores a la oferta “Berlina” de la misma marca. No obstante, los SUV aportan mayor versatilidad, espacio, y un valor de recompra superior al de sus “hermanos menores”.
El superior coste del TCM no es lo suficientemente diferente como para que la decisión de compra esté clara. Otros factores cualitativos (espacio, altura y comodidad, seguridad, sensación de dominio de la carretera, estética, imagen deportiva y versátil, etc.) del uso del vehículo SUV, tendrán un gran peso en la decisión de adquisición del vehículo.
En los ejemplos de TCM representados por los diferentes cuadros y gráficos podemos ver las pequeñas diferencias en costes de movilidad entre los SUV y su equivalente. Eso sí, esta “pequeña diferencia” puede suponer muchos Euros si contamos con una flota importante. Solo hay que hacer números.
Factores cualitativos como la moda de los SUV, se justifican en la evolución de las necesidades de los conductores. El coche ha sido, y continúa siendo, un reflejo de la sociedad. Y la industria se ha ido adaptando a lo largo de los años a la evolución de la sociedad. Ahora vivimos en la era de los SUV compactos, un segmento que gana terreno porque responde a las necesidades de una familia completa para hacer muchos kilómetros, tanto en terreno urbano como interurbano a unos costes contenidos.
Los pronósticos de ventas de estos modelos SUV es que continuarán creciendo un 25% hasta 2020, superando las 1.550.000 unidades en Europa occidental. No se trata de una tendencia o una moda pasajera, sino que el SUV llegó (sustituyendo a los casi desaparecidos monovolúmenes) para quedarse.
Evolución constructiva de los vehículos SUV
Como hemos dicho anteriormente, los vehículos SUV tienen un origen militar, con lo cual los primeros vehículos de este segmento presentaban una carrocería y chasis separados, estaban dotados de una suspensión muy dura que le restaba suavidad a la conducción, quedaban muy altos respecto al suelo, disponían de motorizaciones muy limitadas, y eran vehículos 4x4.
Cuando los fabricantes decidieron introducir este tipo de coche en el mercado del gran público, se implantaron ciertos cambios que iban encaminados a hacer al SUV un vehículo más polivalente capaz de circular con solvencia por terrenos pavimentos. Para ello, se introdujeron sistemas de suspensión que aportaban mayor suavidad a la conducción, se dio la opción de fabricar modelos con tracción trasera, se limitó la altura de acceso al habitáculo, y aumentaron las opciones de motorización.
Actualmente, los SUV integran un tipo de carrocería monocasco, están disponibles con tracción delantera, trasera o a las cuatro ruedas, se comercializan con motorizaciones diversas en gasolina, diesel e híbrida, se ofrecen paquetes de serie y paquetes opcionales para incrementar la seguridad y el confort del vehículo, y la caja de cambios puede ser automática o manual.
Pero los SUV no son Todoterrenos puros. Éstos, a diferencia de los SUV, están concebidos para moverse con soltura y de forma segura fuera del asfalto. Se sirven de un bastidor lo más rígido posible, que suele estar formado por vigas estructuradas en forma de escalera (longitudinales y transversales), sobre las que se fija la carrocería. Esto permite una gran robustez en situaciones de torsión extremas, como al circular sobre baches o badenes, en los que alguna rueda puede quedar en el aire. Cuentan con una transmisión que impulsa el vehículo a través del eje trasero, pero que también permite engranar el delantero. Suelen ofrecer una caja transfer (o reductora) para multiplicar la fuerza de la transmisión a baja velocidad, y por tanto el empuje del motor.
Los SUV son productos diferentes aunque pueden ofrecer ciertas características todoterreno, en situaciones levemente complicadas y mostrando esa versatilidad que les ha hecho tan deseados.
El Futuro de los SUV es eléctrico
El proceso de electrificación se extiende a los nuevos SUV. Gracias a las baterías de última generación pueden ya postularse como coche principal de la familia. De los pequeños utilitarios de baterías solo para uso urbano, a los grandes familiares para todo, ciudad o viajes por carretera. Es un ejemplo de la evolución del coche de batería y es también lo que refleja la primera oleada de SUV eléctricos 100% que llegarán al mercado en los próximos meses. Modelos que llegan al mercado con el objetivo de ser el vehículo principal en el núcleo familiar.
La rápida evolución de las baterías está acelerando la electrificación del automóvil, aún incipiente por los altos precios de los modelos disponibles y la falta de infraestructuras públicas de recarga. Pero las perspectivas de futuro son optimistas e incluyen historias de éxito, como la de Noruega, que lo corroboran.
En el caso de las baterías y su evolución, los primeros coches eléctricos que se asomaron al mercado en 2010, tenían 170 kilómetros de autonomía oficial llegando en 2017 a casi 400 kilómetros en los nuevos modelos. La tecnología es imparable y continúa mejorando con baterías de 60KWh de 400 kms en ciclo de medición WLTP para este año.
Lejos de llegar a su techo, las próximas baterías de 100 kWh - e incluso más - superarán con facilidad los 500 kilómetros de uso en condiciones reales. Esa es la frontera que permitirá afrontar viajes de largo radio sin agobios, también con los SUV eléctricos. Y con las futuras baterías ya sin litio, como las de estado sólido o grafeno, se esperan ganancias exponenciales.
Por: Ricardo Lozano, Socio Director Redex Servicios Estratégicos.