La Unión Europea destinó 67.000 millones de euros a la importación de petróleo para automóviles en 2025, una factura energética que podría reducirse de forma significativa con una mayor adopción del vehículo eléctrico. Según un análisis de Transport & Environment (T&E), acelerar la electrificación del parque automovilístico permitiría recortar estas importaciones en 45.000 millones de euros entre 2026 y 2035.
El informe señala que la UE importó 1.000 millones de barriles de petróleo destinados al transporte por carretera en 2025, con un coste total de 67.000 millones de euros.
No obstante, los 8 millones de vehículos eléctricos ya en circulación en Europa evitaron la importación de 46 millones de barriles, lo que se traduce en un ahorro de 2.900 millones de euros el año pasado.
Cómo afecta la crisis del petróleo a las flotas
El análisis también pone el foco en el impacto directo de las tensiones geopolíticas —como el conflicto con Irán— en el bolsillo de los conductores. Con el petróleo por encima de los 100 dólares por barril, los costes se disparan de forma desigual:
- Coche de gasolina: 14,20 € por cada 100 km, con un incremento de 3,80 €
- Vehículo eléctrico: 6,50 € por cada 100 km, con un aumento de 0,70 €
Esto implica que el sobrecoste de repostar un coche de gasolina es cinco veces superior al de recargar un eléctrico.
Es más, en el ámbito corporativo, donde los vehículos recorren más kilómetros, la diferencia es aún más acusada (asumiendo 28.000 kms al año en el informe):
- Flotas de gasolina: +89 € al mes por vehículo
- Flotas eléctricas: +16 € al mes por vehículo
Con estas cifras, es fácil calcular que el sobrecoste anual para una flota de 200 coches de gasolina sería de más de 213.000 €.
Impacto económico de la crisis energética en una flota de 200 vehículos
Objetivos de CO₂ en el punto de mira
Estas conclusiones llegan en un momento clave, coincidiendo con la reunión de ministros de Medio Ambiente de la UE en Bruselas para debatir el llamado “Paquete del Automóvil”. La propuesta de la Comisión Europea plantea rebajar los objetivos de emisiones de CO₂ para turismos en 2030 y 2035, además de introducir metas de electrificación para grandes flotas corporativas.
Sin embargo, algunos líderes europeos, como Friedrich Merz y Giorgia Meloni, abogan por suavizar aún más las exigencias regulatorias y rechazan los objetivos para flotas.
Según T&E, esta postura retrasaría la transición hacia el vehículo eléctrico y prolongaría la dependencia del petróleo, mientras que mantener o reforzar los objetivos actuales permitiría acelerar la adopción de vehículos cero emisiones.

Ahorro: 45.000 millones hasta 2035
El estudio concluye que un Paquete del Automóvil más ambicioso, que mantenga los objetivos actuales de CO₂ y refuerce la electrificación de flotas, reduciría las importaciones de petróleo en 45.000 millones de euros entre 2026 y 2035 en comparación con un escenario de rebaja normativa.
Además, el impulso a la electrificación corporativa tendría un efecto directo en el mercado de ocasión, permitiendo que hasta 3,6 millones de vehículos eléctricos adicionales llegaran al mercado de segunda mano en 2035, facilitando el acceso a modelos más asequibles y generando ahorro energético para los compradores.
Más eléctricos para reducir la vulnerabilidad energética
Desde T&E insisten en que el vehículo eléctrico no solo reduce emisiones, sino que actúa como herramienta de protección frente a crisis energéticas.
La organización subraya que las normas de CO₂ obligan a los fabricantes a ofrecer modelos eléctricos cada vez más asequibles, una tendencia que ya se refleja en el mercado: el precio medio de estos vehículos en la UE ha bajado por primera vez desde 2020, impulsado por la llegada de nuevos modelos adaptados a los objetivos regulatorios.
En este contexto, el debate político sobre el futuro del automóvil en Europa no solo determinará el ritmo de descarbonización, sino también el nivel de exposición de ciudadanos y empresas a la volatilidad del petróleo y a una factura energética que, hoy por hoy, sigue siendo multimillonaria.
El análisis de T&E se basa en un escenario en el que el precio de la gasolina se mantiene en torno a los 2 €/litro, como en la crisis energética de 2022, lo que supone un incremento del 24% respecto a la media de 2025. Y donde el precio de la electricidad aumenta un 12% a medio plazo frente al primer semestre de 2025, debido al encarecimiento del gas, aunque con un impacto más gradual en el consumidor final (entre 2 y 3 años).

