¿Es posible mejorar la gestión de vehículos comerciales? ¿Cuáles son los principales aspectos a tener en cuenta para optimizar su operativa y costes? Algunos elementos de esta gestión son comunes a la de los turismos, pero en este decálogo encontrarás algunos desafíos específicos del LCV management.
Selección adecuada de vehículo. La elección de un vehículo comercial es mucho más compleja que configurar un parque móvil de turismos. Debemos considerar los costes, las necesidades del negocio, peso y requisitos de las cargas, rutas y distancias, áreas de actuación… Y todo ello sin tener en cuenta la necesidad (o no) de un equipamiento o mobiliario interior, rotulación o vinilado exterior… De una buena (o mala) elección dependerá en buena medida una correcta operativa diaria o un sinfín de sobrecostes por una mala planificación.
Precios de carburante: Si tu flota todavía está compuesta por vehículos de combustión, la fluctuación (especialmente al alza) de los precios del combustible es uno de los puntos críticos en la gestión de LCV’s. Los costes operativos pueden dispararse de un día para otro. De ahí que sea importante contar con buenos acuerdos- y descuentos- con los principales suministradores de carburantes.
Sostenibilidad y restricciones de acceso. Las Zonas de Bajas Emisiones y las restricciones de acceso a determinadas áreas urbanas son una realidad. Pero a buen seguro que irán evolucionando, y los requisitos de entrada se endurecerán. Aprovecha este hecho para justificar y realizar la transición hacia tecnologías de transporte más limpias. Esta transición nunca es sencilla. Así que, cuando antes se inicie, antes se superarán las complejidades.
Puntos de recarga: Una de las primeras consecuencias del punto anterior, es la necesidad de contar con una buena infraestructura de recarga para nuestra flota de furgonetas eléctricas. Teniendo en cuenta la autonomía más limitada de los BEV y los dilatados tiempos de recarga, también deberemos conocer el área de actuación de cada uno de nuestros vehículos para planificar su operativa (en kilómetros y en tiempo), tanto de trabajo como de recarga.
Evitar las paradas forzosas. Una avería supone parar de inmediato y durante un tiempo indeterminado la actividad y productividad de un vehículo. Para evitar estas averías en la medida de lo posible, es recomendable realizar correctamente todos los mantenimientos preventivos, verificar la presión de los neumáticos y actuar de forma inmediata ante problemas menores.
Si los vehículos no están en renting, estas revisiones todavía son más importantes, pues una avería grave puede provocar elevados costes de reparación que deberemos asumir.
Además, los vehículos bien mantenidos consumen menos y funcionan mejor.
Una buena idea puede ser la realización de un calendario de mantenimientos. De esta forma, siempre sabremos qué unidades tenemos operativas y si estas son suficientes para atender con eficacia la actividad de la compañía.
Seguridad vial. Lamentablemente, la seguridad y la siniestralidad vial sigue siendo uno de los retos en la gestión de flotas. Al empezar el año, el objetivo de siniestralidad de cualquier empresa debería ser cero. Y para ello, conductores, vehículos y cargas deben contar con las características necesarias para cumplir dicho objetivo.
Los conductores deben estar formados; los vehículos, disponer de los últimos avances en seguridad; y la mercancía o productos, bien asegurados y cargados.
Por otro lado, y teniendo en cuenta el incremento de episodios climatológicos más violentos, resulta cada vez más recomendable que nuestros conductores dispongan de una aplicación o de alertas específicas que anticipen posibles episodios meteorológicos que puedan afectar a su seguridad o a la circulación por la que opera.
La importancia de tener buenos conductores. Los usuarios profesionales de vehículos comerciales nunca han tenido buena fama, muchas veces de forma injustificada. ¿O es que los conductores de turismos son todos excelentes “volantistas”?
En cualquier caso, no todas las empresas valoran la importancia de disponer y retener a buenos conductores en sus flotas de LCV. La razón es solo una: es más caro. Pero, ¿cuánto sobrecoste genera un mal conductor, que causa siniestros, paraliza el vehículo para repararlo, consume más carburante y no realiza a tiempo las entregas?
“No todas las empresas valoran la importancia de disponer y retener a buenos conductores en sus flotas de LCV”
Integración tecnológica. A día de hoy es difícil justificar la “no conexión” de una flota de vehículos comerciales. Monitorizar en tiempo real todas las unidades, analizar el comportamiento al volante del conductor o avanzarse a las necesidades de mantenimiento o recarga, son solo algunas de las ventajas. Con su uso podemos detectar áreas de mejora en eficiencia de combustible, planificar las mejores rutas teniendo en cuenta el tráfico, optimizar las cargas de cada vehículo, etc.
Sin embargo, debemos elegir bien nuestro proveedor de gestión y telemática. Y es que un aluvión de datos sin filtrar, puede ser una pesadilla si no se cuenta con un buen dashboard o panel de control que permita sacar conclusiones y tomar buenas decisiones.
Ciberseguridad. La conectividad de la flota aporta un sinfín de ventajas, pero también abre la puerta a ciberataques. De ahí la importancia de contar con proveedores de gestión conectada de primer nivel, que dispongan de elevados niveles de ciberseguridad, capaces de cerrar las puertas a cualquier brecha o amenaza.
En caso de ataque, nuestros datos y los de nuestros clientes quedarían expuestos, generando daños económicos y reputacionales de primera magnitud.
Retos en la entrega de última milla: El e-commerce ha superado por completo el concepto de entrega de última milla. Las elevadas expectativas de los clientes finales han hecho que estas entregas sean más críticas que nunca. De ahí que los gestores de flotas deban optimizar rutas, teniendo en cuenta el estado del tráfico, cumplir con horarios de entrega específicos y atender la salud mental y física de los conductores. Y todo ello, manteniendo la satisfacción del cliente y sin generar sobrecostes.