Cada vez es más difícil encontrar vehículos de trabajo con tracción integral y preparados para tareas intensivas. Y es que, pese a la casi infinita oferta de SUV, pocos son los modelos que encajan en las necesidades operativas de algunas flotas que necesitan salir del asfalto con frecuencia.

La evolución del segmento SUV es más que curiosa. Hay que remontarse a la Segunda Guerra Mundial para encontrar la semilla, el Jeep Willys, del que sería el primer todoterreno de comercialización masiva. Estos vehículos sencillos y caracterizados por la tracción integral fueron evolucionando con más o menos acierto. Pero no fue hasta las décadas de los 80 y 90 del siglo XX cuando fueron sofisticándose, dulcificando su habitáculo y aumentando su confort. Aunque sin perder capacidades off-road.

El único resquicio superviviente de estos “4x4 de otra época” es el segmento pick-up. Se trata de verdaderos vehículos de trabajo, robustos y preparados para el maltrato.

Poco a poco, sus formas se endulzaron y su tamaño también. Algunos incluso ya estaban disponibles sin la antes imprescindible reductora. Pero en los últimos 20 años, los antes rudos y robustos 4x4 han dejado paso a vehículos de carrocerías de estilo dinámico y cuyo único parentesco con aquellos primeros Willys es una altura al suelo algo mayor que la de un turismo.
En definitiva, lo que nació como un vehículo de trabajo ha evolucionado a modelos ultraconfortables, sin tracción integral en muchos casos y cuya máxima exigencia es la de aparcar encima de la acera.

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Dificultades para las empresas

La ley de la oferta y la demanda es implacable. De ahí que sea difícil encontrar en el mercado un vehículo todoterreno preparado para situaciones exigentes y con un buen sistema de tracción integral. Bueno, sí existen. Jeep, Land Rover o Toyota, por poner solo tres ejemplos, cuentan con sofisticados y reputados sistemas de tracción. Sin embargo, su coste es bastante elevado y vienen asociados con habitáculos Premium poco adecuados para un uso intensivo.
De hecho, en ocasiones nos hemos encontrado con gestores de flotas que siguen guardando y mimando algunas unidades concretas, casi clásicos, de modelos 4x4 “porque no hay nada igual en el mercado”.

 

Todavía habrá que esperar para contar con vehículos de trabajo todoterreno de bajas o nulas emisiones. Es más, su nivel de emisiones es elevadísimo.

 

A ello tampoco han ayudado las restricciones sobre emisiones, ya sea por parte de las autoridades o por las políticas de flota cada vez más restrictivas en cuanto a nivel de emisiones. Ello ha provocado que las marcas hayan limitado muchísimo el número de modelos fabricados y disponibles con elevada huella de carbono.

Pick-up, el último superviviente

El único resquicio superviviente de estos “4x4 de otra época” es el segmento pick-up. Se trata de verdaderos vehículos de trabajo, robustos y preparados para el “maltrato”. Además, su coste es relativamente asequible. De hecho, en los parques móviles de bomberos o agentes rurales abundan los pick-up.
Sin embargo, estos vehículos tienen algunas limitaciones: su comportamiento en vacío y un espacio de carga que no se adapta a todas las necesidades. Y en este último caso hay que echar mano de accesorios que no siempre acaban solucionando la casuística concreta de la zona de carga.

Por otro lado, es también en el segmento de los vehículos comerciales donde encontramos algunas versiones de furgones y furgonetas que combinan un buen volumen de carga con una buena capacidad de avanzar en terrenos adversos. Normalmente están diseñadas y ensambladas por carroceros externos, pero cuentan con la homologación de las propias marcas. No suelen estar a primera vista en los catálogos y su disponibilidad no es inmediata. De ahí que siempre sea aconsejable preguntar a nuestros contactos en las marcas sobre la disponibilidad de estas unidades.

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A la espera de las bajas emisiones

Si bien la oferta de motorizaciones híbridas y eléctricas en los modelos SUV de uso asfáltico es amplísima, todavía habrá que esperar para contar con vehículos de trabajo todoterreno de bajas o nulas emisiones. Es más, su nivel de emisiones es elevadísimo. Por ejemplo, en el caso de los pick-up superan por mucho los 200 g/km. De ahí que las flotas que no tengan más remedio que integrar esta tipología de vehículos, deberán compensar este exceso de alguna forma en el resto del parque móvil.

Una posible solución

Ante este panorama general, no es fácil realizar la elección perfecta. Especialmente porque la limitación de costes puede llevarnos a optar por modelos que no cumplen al 100% con lo que nos gustaría. En este sentido, los técnicos de cada área de negocio y los usuarios de la flota son vitales para conocer las condiciones de trabajo que se encuentran de forma habitual.

Si no podemos contar con un vehículo con reductora, podemos añadirle unos buenos neumáticos off-road. Este tipo de cubiertas proporcionan un agarre excepcional en condiciones extremas como barro, hielo o nieve.

Si no podemos contar con un vehículo con reductora, una de las mejores alternativas es optar por un vehículo de tracción total inteligente, o incluso un 4x2 con sistema electrónico de tracción avanzado que simula la transmisión total, y añadirle unos buenos neumáticos off-road. Este tipo de cubiertas proporcionan un agarre excepcional en condiciones extremas como barro, hielo o nieve.
Si a ello podemos añadirle unos cursos de conducción off-road y algunos accesorios como cabestrantes, eslingas o planchas, nuestros vehículos podrán salvar prácticamente cualquier tipo de circunstancias extremas.