De esta forma, Volvo se convierte en uno de los primeros fabricantes tradicionales que deja de ensamblar coches alimentados con gasóleo. El objetivo de la marca escandinava es vender únicamente vehículos eléctricos puros para 2030 y, diez años después, convertirse en una empresa neutra desde el punto de vista climático.
El año pasado, Volvo anunció que abandonaba el desarrollo de nuevos motores de combustión. Y en noviembre vendía su participación en Aurobay, la empresa conjunta que albergaba sus activos en motores de combustión.
La decisión es importante si se tiene en cuenta que hace solo 4 años, los modelos diésel de Volvo eran uno de sus principales negocios en Europa, como sucedía con casi todos los fabricantes de automóviles. De hecho, la mayoría de los vehículos que vendió la marca en 2019 en Europa llevaban un motor diésel.
A día de hoy, las cosas han empezado a cambiar y la mayoría de sus matriculaciones en Europa corresponde a vehículos eléctricos, ya sea con motores totalmente eléctricos o híbridos enchufables.